7.4.12
Y aquí estábamos, a punto de iniciar nuestro último año juntos. Luego, todo tomaría otro rumbo. Cuando digo ‘estábamos’ me refiero a mí y al príncipe azul con el que toda chica sueña en su vida, mi amado Louis. El era hermoso, perfecto desde los pies, donde muchas veces subí para bailar junto a él hermosas canciones lentas, hasta su cabello castaño, alborotado en ocasiones, dónde amaba enredar mis dedos y besarlo como si no hubiese un mañana. Podías mirar sus ojos por horas, eran hermosos mares azules que te transmitían amor, felicidad, tranquilidad. Pero todo esto terminaría, era nuestro último año juntos, luego estudiaríamos en lugares distintos y no podría ver a mi príncipe todos los días, como estaba acostumbrada a hacerlo. Sinceramente nunca supe porque se fijo en mí, no tenía nada de extraordinario. Era unos centímetros más baja que el, cabello castaño, ojos marrones y mi cuerpo no tenía nada extravagante, lo tenía así desde los 14. Pero él se encargaba de hacerme creer todos los días de que era la mujer más hermosa del plante Tierra, y a su lado, yo me sentía así. Y nuestro último primer día de clases juntos llegó, y ahí estaba él, afuera de mi casa, esperándome sentado en una banca fuera de ella, esa banca donde me pidió que fuera su novia, donde nos dimos nuestro primer beso, donde reímos hasta no parar, esa banca que simbolizaba nuestra vida, y él estaba allí, tan perfecto como siempre, con su sonrisa de ángel, esperándome a mí, la chica más afortunada de toda la Tierra.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario